17-12-2014

taylor

Por: Taylor Emilio Torres Escalona.
Desde el día 17 de diciembre, creo que mi vida ha cambiado, no se la magnitud que tenga el haber presenciado, al menos la intención de que la realidad de los cubanos se transforme gracias a la intención de una normalización de las relaciones entre dos países que, desde que comencé mis estudios solo he escuchado hablar del diferendo “EE-UU –Cuba” , si, en ese orden pues si lo decías al revés perdías todos los puntos en esa pregunta fija en cada examen de historia, pues siempre nos inculcaron que precisamente el problema venía de nuestros “vecinos del norte”.
Hoy, el discurso promete ser otro, pero, aun cuando me apego a la esperanza de que así sea, pesan de ambos lado, más de cinco décadas de falta de entendimientos, acusaciones e intentos fallidos de llegar hasta donde hemos llegado, o mejor, hasta donde han llegado, pues, es cierto, estoy muy contento con los nuevos hechos pero, sigo sin sentirme parte de lo que acontece.
Las personas en la calle se divide entre el escepticismo y la esperanza (eso lo pude constatar a lo largo del país pues la noticia me agarró en La Habana y aún en caliente llegué a Santiago), eso está muy bien, pero, ¿de qué manera, los cubanos y cubanas pueden tomar cartas en el asunto? ¿Cómo podemos hacer valer nuestra condición de ciudadanos? ¿Cuáles son los mecanismos acertados para que yo (simplemente yo, con mi voz) pueda sentir que al menos, con un dedo estoy tocando el timón que guía por estos nuevos tiempos a mi nación?
Son preguntas que constantemente me hago, pero la respuesta es demasiado dura (el síndrome de oveja, bajar la cabeza y seguir caminando, aparece, pero no; voy a seguir, quiero seguir) por mucho que busco respuestas en todos mis años de estudio, en mi Licenciatura en Comunicación Social, y en tantas investigaciones, los mecanismos que existen para hacer valer mi voz no me convencen, desde hace mucho me parecen primitivos y por tanto arcaicos, y me doy cuenta que los problemas de los cubanos, nos toca a los cubanos resolverlos.
¡Qué bien! Ahora contamos con la amistad o la intención amistosa de nuestros poderosos vecinos, pero ya es hora de darnos cuenta, ahí no está el motor impulsor del cambio tan necesario para nuestra realidad, el cambio duerme dentro de nosotros mismos, en cada cubano que está dentro o fuera de la Isla.
Mi generación y la que le sigue ya no se sienten comprometidas con nadie, a mi generación lo que le importa es sentirse bien. Yo abogo por ir más allá, tratar de sentirnos así pero de manera general, a nivel de país y para que esto suceda el pueblo cubano se debe empoderar de conceptos como Ciudadanía, Democracia, Libertad de Expresión, Libertad de Asociación, Acceso a la Información, Disenso, entre otros que se han ido desvaneciendo al pasar de los años.
A mi entender es muy cierto eso que vengo escuchando y leyendo, sobre la pelota que está de este lado, que es el gobierno cubano el que tiene que saber qué hacer con todas las directrices que desde los Estados Unidos se han abierto a partir del día diecisiete de diciembre, pero creo que no solo le corresponde al gobierno, nosotros, el pueblo, debemos ayudar para que las decisiones que se tomen no sean las que unos pocos consideren más acertadas, sino, las que todos unidos, acordemos sean las de mayor beneficio para el bienestar nacional y así el futuro de tantas personas vuelva a estar dentro de su país.

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