La Pacotilla

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Por: Taylor Emilio Torres Escalona.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “pacotilla”, es aquella porción de mercancías que pueden embarcar los marineros, libre de flete o para que se entienda mejor, exenta de pago.
Otra de las acepciones de manera generalizada en todo el mundo de habla hispana, es utilizarla como condicionante para denotar poca calidad en algo o alguien.
Atendiendo a la acepción anterior debiéramos tener cuidado con el vocablo ya que viendo lo que nos rodea sería esta una de las palabras más utilizadas por los cubanos…
Pero hoy quiero hablar sobre ese significado que últimamente se le ha venido otorgando. ¿Cuántas veces no he tenido que escuchar yo –vayaaaaa, estas en el pacotilleo- cuando viene la familia del Extranjero?
Es que pacotilla ahora es todo lo que venga del otro “lado”. Una persona pacotillera es aquella a la que le gusten los accesorios, las marcas y que para algunos coquetea con lo vano; pero el fenómeno va mucho más allá. Hace algunos días un amigo con quien conversaba por Facebook me comentaba que estaba preparando viaje a Cuba y que se aprestaba a salir a comprar la pacotilla, cosa que le era muy tediosa pues tenía que discernir entre amigos y familiares y en que traerle a cada cual, pues cuando uno se va y regresa, tiene que hacerlo de la mejor “manera” y esa manera está condicionada en ocasiones (según mi amigo) por la pacotilla que seas capaz de traer, de igual manera en el mismo hilo de la conversación mi amigo me mencionaba que debía comprarle bloomers a su mamá pues los que le había traído ya hacía casi un año no daban más, eso me puso a pensar, ¿será que pacotilla también se puede entender como necesidades básicas? Un jabón, desodorante, medias, calzoncillos, hasta ropa y zapatos (necesarios) ¿clasifican como pacotilla?
A mi entender debemos tener un poco más de cuidado a la hora de utilizar la palabra, todos, de una manera u otra hemos “pecado” de pacotilleros, esa pacotilla que cuando se convierte en respuesta a nuestras necesidades es un salvavidas que nos llega desde cualquier parte del orbe…
Duele saberse dependiente en ocasiones de esa ayuda a la que muchos denominan pacotilla, pero es la única manera mediante la cual un gran número de cubanos tienen acceso a productos que siendo elementales en otras sociedades aquí pueden ser vistos como lujos.
Las explicaciones a que este fenómeno se haya generalizado saltan a la vista, el bajo salario, la mala calidad de los productos en las tiendas a las que uno puede acudir, las familias numerosas teniendo que vivir todo un mes con menos de 40 cuc, las necesidades básicas no cubiertas , la garantía de la alimentación como batalla frente a otras carencias, etc, pero cada una de estas razones están sujetas a análisis profundos en sí .
Nuestra realidad es cruda, a veces raya en lo grotesco, muchos son los disparates que he visto cometer en nombre de la necesidad, necesidad que amenaza en seguir acompañándonos por largo tiempo. El bienestar de la ciudadanía debe jugar un papel más protagónico para los gestores de políticas en nuestro país. La voz doliente de cada cubano que se encuentra en una encrucijada y problema matemático a diario para llevar un plato lleno a la mesa debe encontrar más espacios para expresarse y no solo eso, también encontrar respuestas.
A lo mejor aún hoy podemos justificarnos con los años más duros del “Período Especial” o en la sombra del “genocida” bloqueo, razones por las cuales nos convertimos en pacotilleros natos y que todavía no nos dejan levantar cabeza.
Mientras Cuba siga pensando con pensamiento de ovejas, mientras nos conformemos tan solo con lo que nos brindan como justificación o el valor solo nos dé para hablar de las inconformidades en las esquinas o bajo la protección del techo hogareño, tendremos que seguir dependiendo del respiro que significa que algún familiar o amigo llegue de otros lares, cargados de pacotilla y que por supuesto, tengamos la suerte de estar incluidos en su lista.

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Fotografía

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Por: Taylor Torres Torres.

Esta mañana el viernes se me arregló…

Al salir para el trabajo en una de las calles de Centro Habana vi a esta niñita de la mano de su padre y me hizo pensar en muchas cosas. En la confianza que tenemos en nuestra nación y en su capacidad para sanar; en el amor que se profesan hijos y padres; en la ternura y la inocencia; en esa máxima de que los niños son la esperanza del mundo y en ese lugar seguro que  les queremos legar a las nuevas generaciones.

De repente me puse a fantasear…

¿Y si viéramos de esta manera a la República, si imaginamos por un momento que es una niña de tres años, ávida de conocimientos, absorbiendo sapiencias, como una esponja, necesitada de cariño y afecto, necesitando una guía que la lleve por el buen camino?

¿Si todos tratamos de forjarle un mejor futuro, si nos decidimos a cuidarla y a que se convierta en alguien/algo que en un futuro nos haga sentir orgullosos y seguros a la vez?

En esa inauguración de país de la que por ahí se habla, todos debemos participar. Educar a la República (imaginando que sea una niña) garantizará que en un futuro nos sintamos confiados y en buenas manos…

Y recuerden no es errado regañar a un niño cuando este lo merece, más si es en aras de que se convierta en una persona de bien…

Cuando la institución cultural es una persona…

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Por: Taylor Emilio Torres Escalona.

Esta isla es rica en muchas cosas, rica, por ejemplo en azúcar, café, tabaco, ron, mulatas… en fin, rica en todo eso que por suerte o no por tanta, se nos conoce en el mundo entero, una de las cosas por las que siento mucho orgullo es por ser un país rico también en historia y más aún en arte y artistas.
A eso último quiero referirme en este post…
Resulta que ya hace un tiempo y por motivo de la entrega de un importante premio allá en Santiago, tuve la oportunidad de conocer a una de esas personas que impactan de solo escucharlo.
Con una carrera consumada de actor en teatro, radio y televisión, profesor de varias generaciones de artistas solo es recordado por pocos a decir de él mismo. De vez en cuando es invitado a alguna premiación, pero, por lo general siempre está en su casa padeciendo sus enfermedades y los achaques de una vejez que no perdona.
Vive en un tercer piso, sus piernas cansadas y enfermas no pueden con tantos peldaños, la soledad a ratos lo deprime, pero, cuando puede salir, supongo vuelve a ser el gran actor, el director, el profesor, todos lo saludan, felicitan, ¡agradecen su existencia! Y él, olvida todas las dolencias, la vejez, la lejanía, en fin, olvida el olvido, le vuelven los aires de señor que se sabe grande en lo que hace.
Impresionante es ver como sus vecinos lo sienten importante, más que importante, lo sienten especial y de esa manera se conducen a él, ayudándolo en todo lo posible y descontentos con la atención que saben merece y no recibe el artista, volviéndose todo reclamos cuando alguien se acerca al lugar y pregunta por Colomé, aun cuando la persona que se acerque sea yo, que solo se puede conformar con escribir estas líneas y esperar a que no caiga esta palabra en terreno muerto, pero así somos los cubanos, solidarios, amigos y sentimentales.
Esta persona hace mucho pide ser movido de ese tercer piso que lo encierra y deprime por su enfermedad en las piernas a la que ningún cirujano ortopédico ha podido encontrar solución.
A mi entender a Jorge Luis Colomé le queda mucho por ofrecer, sobre todo por esa voz potente con la cual nuestra Casa Radial Provincial ganaría tanto en sus dramatizados, me encantaría verlo vital, con deseos de transmitir toda esa sapiencia acumulada en tantos años de trabajo a las nuevas generaciones… no hay que hacer mucho, creo que solo hay que prestarle un poquito más de atención a sus demandas y necesidades.
Las instituciones culturales, con el paso de los años se deterioran, algunas con una leve reparación resuelven, otras necesitan una reparación capital para retomar todo su esplendor, a veces las dejamos perder o se erigen como monumento a la ineficiencia y a las decisiones mal tomadas pero; cuando la institución cultural es una persona, la situación se complejiza hay muy poco tiempo y poco por hacer, antes de que por ley natural la institución, al menos físicamente desaparezca.
A mí me hubiera gustado quedarme más tiempo en Santiago de Cuba, hacer un hábito las visitas a esa casa y de manera humilde, junto a mi pareja, hacerle la vida más agradable a esa persona que por mucho, lo merece.