El amarillo, el sueño…un camino.

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Por: Taylor Torres Escalona.

A ella la recuerdo de alguna mención en boca de mi madre, o más cercano a mi, en la letra de una cancion de Frank Delgado, uno de los trovadores favorito de mi juventud. Según sé a ella también le tocó ir hacia América Latina para luego llegar a aquel norte revuelto y brutal (como tantos cubanos hoy en día) y de esa manera, ser condenada como otros, a desaparecer de la historia cultural de esta Isla que en la figura de sus dirigentes se cree con el derecho de obviar a las personas y hacer como que nunca han existido, pero , ahí está el pueblo, para demostrar que al igual que Celia Cruz,  Willy Chirino o Annia Linares a los grandes nunca se les olvida y hoy, ese pueblo agradece a la obra “Yellow Dream Road” o “Camino del Sueño Amarillo” de Rogelio Orizondo y a Carlos Díaz con “Teatro El Público” por traer de vuelta a las tablas cubanas a Lili Rentería quien junto a  un excelente Osvaldo Doimeadiós y otros actores de elogiables interpretaciones pero menos conocidos por mi como Javier Fano, Alegnis Castillo y Mabel Roch, despertaron sentimientos y nos hicieron estallar en aplausos en el momento final de la función.

La obra a través de La Historia del Mago de Oz  habla de la realidad en ocasiones cruda y mezquina que vive hoy nuestro país y el  mundo en general, refleja al cubano, un poco distorsionado pero al final, hace que uno se encuentre en la interpretación de varios de sus personajes.  Pone sobre el escenario lo muy jodida que está esa realidad y deja entrever que más al norte la cosa no está mucho mejor, que para cambiar hay que comenzar con uno mismo, ganando batallas internas que en muchas ocasiones no estamos dispuestos a librar, encontramos además dentro de la puesta, una Virgen de la Caridad del Cobre tan distorsionada como su propio pueblo, desdoblada, cansada, usada, rabiosa e impotente.

En más de una ocasión el público reía a carcajadas, a veces las actuaciones llamaban a esa reacción pero en otras ocasiones me resultaba muy irónico que al parecer nos estábamos riendo de nosotros mismos, de nuestras propias desgracias, pero no de esa manera sana que en muchas ocasiones de la vida real nos reímos de las cosas desafortunadas que nos suceden, sino de una manera enfermiza y que denotaba que en ocasiones no somos capaces de analizar nuestra realidad ni fuera ni dentro del teatro y eso me dolió, hasta un poco de miedo sentí, yo que soy uno de esos que se aferra al optimismo para seguir adelante vacilé y en el momento que muchos reían, alguna lágrima se asomó como diciéndome que aquí el daño que hay es muy profundo y que harán falta muchas obras de teatro como esta para que nos demos cuenta que nos hace falta sanar y de esa manera comenzar a hacerlo.

Si me dijeran que la ubicara en un genero  desde mis escasos conocimientos que no van más allá de lo épico, lo trágico, lo cómico o la unión de estos elementos, me resulta una tragicomedia con más inclinación a lo trágico que a lo cómico, pues a lo largo de la puesta me sentí triste aunque al final algo se movió dentro de mi, y el optimismo resurgió, cuando por delante de mi comenzaron a desfilar algunos de los actores; entre ellos Lili Rentería y le ví lágrimas en los ojos, pero no lágrimas de las que un personaje porque le toque debe tener sino de las que salen del alma, de las que salen por estar en tu tierra una vez más, compartiendo tu talento con los tuyos y me hizo pensar que mis sueños no debo buscarlos en ningún otro lugar, que una mejor nación esta latiendo dentro de esta y es deber de cada cubano, de este cubano ayudarla a salir para que así, sean más los que sueñen su futuro aquí dentro y lo vean posible.
Quizás en unos años, esta obra sea una de esas de interesante consulta para los antropólogos que traten de entender la situación por la que pasa el cubano de dentro y de fuera hoy en día. En resumen como podrán suponer, a todo el que pueda, le recomiendo ver la obra, en su composición general es una puesta en escena que se agradece por más de una razón.

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